De ruta por las fortalezas del río Miño

✍️ Luz Picos⎮ El viajero accidental

Siempre me llamó mucho la atención la cantidad de fortalezas que existen en el sur de la provincia de Pontevedra, concretamente en la frontera galaico-portuguesa.

De ruta por las fortalezas del río Miño

La gente de la zona sabe que se deben a la guerra con Portugal, pero aun así llama la atención su proliferación en un espacio geográfico reducido y muy concreto: el «Baixo Miño». El porqué de la existencia de tantas fortalezas en las dos riberas del río y en un tramo de apenas 50 kilómetros hay que buscarlo en la Guerra de Restauración portuguesa.

Para entender esta guerra debemos remontarnos al nacimiento de Portugal en el S.XII. Hasta entonces Portugal no era un reino sino un condado que dependía del reino de León, pero Alfonso I en la pequeña villa de Gimarães, se autoproclamó rey de Portugal y consiguió su independencia.

Una vez conseguida la soberanía, tras él se van sucediendo distintos monarcas de las dinastías Borgoña y Avis hasta que, cuatro siglos más tarde, en el S. XVI el rey Enrique I muere sin descendencia. Al encontrarse el trono vacante la monarquía española (los Austrias) reclama sus derechos sobre Portugal.

Por ello al rey Felipe II de España (nieto de reyes españoles por línea paterna y de reyes portugueses por línea materna) le faltó el tiempo para reclamar el trono y ordenar la invasión militar del país vecino. Con la invasión militar Felipe II fue proclamado rey de Portugal en 1580, pero el pueblo nunca aceptó a la monarquía hispánica ¡Quizá por la forma en que se impusieron los Austrias en Portugal!

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Por eso sesenta años más tarde, en 1640, se produce un alzamiento que da lugar a la Guerra de la Restauración Portuguesa. La nobleza portuguesa proclama a don Joao como legítimo dueño del trono portugués. Fue una guerra que duró 28 años y se saldó con la victoria de Portugal en 1668. Con el Tratado de Lisboa se puso fin al dominio de los Austrias sobre Portugal, que recuperó su independencia.

Esa guerra se libra fundamentalmente en la frontera trazada por el río Miño, por eso españoles y portugueses levantaron una serie continuada de fortalezas a un lado y a otro del río.

¡Ahora sí que entendemos el porqué de tanta fortaleza!

Hoy estos sistemas defensivos constituyen todo un patrimonio histórico-cultural que es visitable y que, además, se encuentran en buen estado de conservación.

Están catalogadas las fortalezas de A Guarda, Tomiño, Tui y Salvaterra en el lado español. Y en el lado portugués tenemos las de Caminha, Vila Nova de Cerveira, Valença do Minho y Monçao.

La localidad gallega de Tui está enclavada en el centro de este sistema de fortalezas. Enfrente está Valença do Minho.

La fortaleza de Valença está perfectamente conservada y dentro de sus muros encontramos todo un entramado de estrechas calles, que albergan numerosos negocios orientados al turismo. Entre ellos los comercios dedicados a la venta de sus famosos tejidos de cama y baño, encantadores restaurantes, licorerías, etc.

Desde los muros de la fortaleza de Valença se aprecian los muros defensivos de Tui. La ciudad asentada sobre una colina está coronada por su catedral, que haciendo honor a su situación fronteriza tiene más aspecto de fortaleza que de catedral. Por si alguien albergaba dudas sobre el poder del sistema defensivo las torres catedralicias están almenadas.

Adentrándonos en la provincia y siguiendo el curso del Miño llegamos a la fortaleza de Salvaterra de Miño. Curiosamente fueron los portugueses quienes hicieron varias mejoras en sus baluartes durante un periodo de tiempo en que esta población estuvo en su poder. La preciosa Porta da Oliveira fue construida por ellos.

Enfrente Monçao, lugar donde probé por primera y única vez la lamprea. Ese pescado que para muchos es un exquisito manjar no se encuentra precisamente entre mis preferidos.

Las murallas actuales que encontramos en Monçao son el resultado de las modificaciones realizadas en la segunda mitad del siglo XVII. Del castillo medieval construido en tiempos de Don Dinis a comienzos del siglo XIV sólo queda un pequeño tramo.

Si desde Tui optamos por dirigirnos hacia la desembocadura del Miño nos vamos a adentrar en el ayuntamiento de Tomiño donde se encuentra la fortaleza de San Lorenzo de Goian. Nos vamos a detener en ella porque su planta es una de las más interesantes de todo el conjunto existente en Galicia.

Fue construida sobre la primitiva fortaleza da Barca sustituyendo el complejo defensivo portugués que protegía la zona de Goián. El objetivo era defenderla ante un posible nuevo conflicto con Portugal. Desde aquí controlaban el paso del río Miño y la fortaleza de Vilanova de Cerveira. A pesar de ser de pequeñas dimensiones, como decíamos, es una de las más interesantes por su perfección y simetría.

Se construyó en piedra y su forma es casi cuadrada. Tiene baluartes en sus ángulos y tres medias lunas defensivas de tal manera que la planta, rodeada por un foso, parece una estrella.

Enfrente, como no podía ser de otra manera, está la fortaleza de Vilanova de Cerveira, en cuya interior se encuentra un precioso parador.

Para la construcción de esta fortaleza se aprovechó inicialmente una pared natural existente en un punto concreto del río Miño. Posteriormente se edificó una segunda muralla.

En el interior del recinto amurallado se edificaron viviendas, edificios administrativos como la Casa de los Gobernadores, la Iglesia de la Misericordia, e incluso una cárcel. La fortaleza contaba con varias puertas de entrada como A Porta da Traição. Hoy en día se conserva la puerta sobre la que se construyó una capilla dedicada a la Virgen de la Ayuda: la Capela de Nossa Senhora da Ajuda, que dota de gran majestuosidad a la entrada a la villa amurallada.

En el siglo XIX por necesidades urbanísticas debidas al aumento de población se desmantelaron las segundas murallas, se demolió gran parte de la Torre del Homenaje y la pared norte de la fortaleza, y desapareció también la puerta que daba al Miño.

Siguiendo hacia la desembocadura del río Miño en el lado portugués nos espera la localidad portuguesa de Caminha que también nos muestra su fortaleza. La fortaleza de Caminha es otro buen lugar para contemplar mientras paseas el río Miño y la orilla gallega. Y podemos rematar este recorrido desde allí embarcándonos en un ferry que nos lleve hasta A Guarda.

En el lado español cuando el río ya desemboca en el Atlántico nos espera la fortaleza de A Guarda: la fortaleza de Santa Cruz. Esta fortaleza estuvo en manos portuguesas desde 1665 a 1668. Durante esos 3 años los portugueses arreglan la fortaleza y refuerzan la defensa de la villa construyendo una atalaya en el puerto.

La fortaleza de San Cruz se construyó durante el reinado de Felipe IV. Para la obra se empleó piedra de la muralla medieval que protegía la villa con objeto de apurar su ejecución. Debe su nombre, al igual que el Castillo de Santa Cruz de A Coruña, al marqués de Santa Cruz de Marcenado, Álvaro de Bazán, quien fue Capitán General de la Armada con Carlos V y Felipe II.

¡Y hasta aquí de momento nuestro recorrido por las fortalezas que custodian el río Miño y que pensamos seguir explorando y disfrutando! ¡Animaos a utilizarlas como excusa para un completo recorrido por ambos márgenes del Baixo Miño!

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